Y si mis libros se vendieran…
Estaría tan triste como si no lo hicieran,
Porque significaría que… estoy escribiendo pura mierda.
No sé qué quiero…
Sólo sé que quiero escribir, escribir,
Escribir…
Pero para eso necesito vivir,
Y ¿cómo vivo?
Si sólo mis libros se vendieran…
Pero yo no quiero ser un libro más en las librerías;
Quiero ser uno esperado, pero no un maldito best seller; antes muerta,
Antes me quedo loca como un abogado,
Pero yo no quiero defender a la gente,
Quiero escribir sobre todos ellos.
Y quiero:
Controlarlos de manera indefinida con mi pluma, y sin forma…
Para siempre, pero sin que lo sepan; como el aire, o como el tiempo
Viviendo en ellos al punto en que se deshagan
Y sólo son ellos.
Y nosotros nada.
Que cada ser humano que pisa la tierra lea mi puño, que sea mi puño
Pero no quiero ser un puto best seller.
A ver si me decido…
Y hago una dictadura y cada niño así tendrá,
Mis libros en la cabeza.
Mis libros serán su cabeza
Sí, es así como lo haré.
No seré un best seller… porque no habrá más libros en el mercado,
Que los míos.
No seré el mejor, seré el único.
El autor de la dictadura, será el autor de los libros de la dictadura
Un líder carismático, que esté en todas partes; omnisciente,
Pero que nadie lo vea, ni lo pueda conocer, porque el lenguaje limita
Y el cuerpo;
Encierra.
Y aunque lo que escriba sea pura mierda,
Es una mucho mejor que la de un puto best seller,
Y aunque no lo fuera no importa,
Porque todos lo siguen; y nadie lo ve.
Está en todo, lo controla todo, es todo.
Aunque nadie sabe si verdaderamente existe,
pero lo necesitan,
Es como Dios.
Nadie podría existir si él no moviera la pluma.
Todos lo aman, pero nadie sabe a quién aman.
Porque no saben quién es, no saben qué es.
No es el arquitecto, es
el escritor.
lunes, 23 de noviembre de 2009
A la mitad...
Quería hacer tanto en mi vida… pero; respecto a aquéllas máximas que me realizaban y eran para mí el fundamento de ella, eran… tan distintas entre sí, que ante la duda de la incorrecta elección junto al abandono de los otros fundamentales decidí por dejarlos a todos; hacer eso que no constituyó nunca el principal fin de mi vida ni en sentir que el porqué de mi existencia tenía mucho o todo que ver con él.
Y así es que me sumí al banco de los que pasan su vida esperando y perdiendo a propósito el tren tan invisible y abarcador del mundo, temiendo a la suerte súbita de la muerte, por no haber vivido… vivido su vida.
Somos este tipo de gente a la mitad…
Artistas frustrados hasta la última fibra del cuerpo que tenemos y del que creemos tener; cobardes a la hora de hacernos los verdaderos artistas, pero egocéntricos como para dedicarnos a crear spots de coca-cola. Nos hacemos los maduros y elegimos la carrera de nuestra vida para cuidar nuestro trasero caro y así… lo que hacemos, es abandonar el sueño de la vida misma.
Y nos preguntamos, cada día de ella… si, quizás, hubiésemos sido más felices estudiando literatura. Que porqué no lo hicimos; podríamos haberlas estudiado ambas, pero ahora no, ahora es muy tarde, estamos tan jodidos como los casos que no salvamos.
Quizás aún estoy a tiempo, aún estoy a tiempo de defraudarlos a todos y convertirme en un hippie más libre; pero… si no lo hago, seré más infeliz, y así… tendré más motivos para escribir, y sin que la gente se de cuenta, abandonando mi sueño lo que haré es sacrificar mi vida y mi felicidad por él.
A diablo con ser persona, si yo siempre quise ser escritor.
Y así es que me sumí al banco de los que pasan su vida esperando y perdiendo a propósito el tren tan invisible y abarcador del mundo, temiendo a la suerte súbita de la muerte, por no haber vivido… vivido su vida.
Somos este tipo de gente a la mitad…
Artistas frustrados hasta la última fibra del cuerpo que tenemos y del que creemos tener; cobardes a la hora de hacernos los verdaderos artistas, pero egocéntricos como para dedicarnos a crear spots de coca-cola. Nos hacemos los maduros y elegimos la carrera de nuestra vida para cuidar nuestro trasero caro y así… lo que hacemos, es abandonar el sueño de la vida misma.
Y nos preguntamos, cada día de ella… si, quizás, hubiésemos sido más felices estudiando literatura. Que porqué no lo hicimos; podríamos haberlas estudiado ambas, pero ahora no, ahora es muy tarde, estamos tan jodidos como los casos que no salvamos.
Quizás aún estoy a tiempo, aún estoy a tiempo de defraudarlos a todos y convertirme en un hippie más libre; pero… si no lo hago, seré más infeliz, y así… tendré más motivos para escribir, y sin que la gente se de cuenta, abandonando mi sueño lo que haré es sacrificar mi vida y mi felicidad por él.
A diablo con ser persona, si yo siempre quise ser escritor.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Templo
De pronto tengo esta extraña sensación de estar escuchando una música que me manda a llegar a otro estado. Creo que es alguien que canta... que está parado afuera de mi puerta de vidrios salvándome.
Y cierro los ojos... y veo.
Como me baña en un lago, pero no es mi cuerpo, es mi alma la que se baña y vuela, pero no vuelo sola, alguien me lleva por la espalda con la punta de sus dedos. El cielo… está lleno de hojas de otoño de distintos colores, repleto; porque el viento las lleva de aquí para allá, pero más que viento es vida, vida en movimiento, pero el sol no, no es de otoño... es primavera. Veo los árboles, enormes como edificios y hermosos como árboles. Todo está borroso, todo parece un acríl; de un lugar al que me han llevado para salvarme, salvarme de mi misma, para que recuerde que era ahí... donde yo era feliz.
Quizás era él, arrastrando su mano desde el portal de la muerte para tomar mi espalda y cantarme. “Queda poco” –me dice– Han pasado tantos años, pero desde que mi alma es alma no ha pasado nada, es ella todavía. Y por eso… no ha pasado ni siquiera un segundo. Han sido quizá 139… o 275, no lo sé. Pero sí sé que es el mismo. El mismo que vino a cantarme afuera de mi ventana y a salvarme, a mostrarme un lugar al que no puedo volver porque no es una geografía, es vida. Vino a recordarme que sí, que… yo aún estaba viva.
Y cierro los ojos... y veo.
Como me baña en un lago, pero no es mi cuerpo, es mi alma la que se baña y vuela, pero no vuelo sola, alguien me lleva por la espalda con la punta de sus dedos. El cielo… está lleno de hojas de otoño de distintos colores, repleto; porque el viento las lleva de aquí para allá, pero más que viento es vida, vida en movimiento, pero el sol no, no es de otoño... es primavera. Veo los árboles, enormes como edificios y hermosos como árboles. Todo está borroso, todo parece un acríl; de un lugar al que me han llevado para salvarme, salvarme de mi misma, para que recuerde que era ahí... donde yo era feliz.
Quizás era él, arrastrando su mano desde el portal de la muerte para tomar mi espalda y cantarme. “Queda poco” –me dice– Han pasado tantos años, pero desde que mi alma es alma no ha pasado nada, es ella todavía. Y por eso… no ha pasado ni siquiera un segundo. Han sido quizá 139… o 275, no lo sé. Pero sí sé que es el mismo. El mismo que vino a cantarme afuera de mi ventana y a salvarme, a mostrarme un lugar al que no puedo volver porque no es una geografía, es vida. Vino a recordarme que sí, que… yo aún estaba viva.
martes, 17 de noviembre de 2009
Escalerillas de Valparaíso
De nuevo saltando con pasos de gigante en aquéllas escalerillas… no me caí, tuve seis años otra vez. Y bueno si me hubiese caído; qué importa, tenía seis años otra vez. Las terminaciones de las viejas casas al mirarlas hacia el cielo se veían magníficamente antiguas y únicas, pareciese que nunca las hubiera visto. Y sí, al cabo de estos meses sí las he visto y ya lo he dicho, pero pareciese que siempre son distintas, que siempre tienen algo nuevo que mostrarme. Y así fue, hoy fue así. Quise tocar el piano… ¿por qué ya no toco el piano?, que tontería. Quería escribir esto, pero yo no soy escritor; ¿por qué no soy escritor? Pero ¡qué estupidez! quería realmente fotografiar esas casas pero… estas cosas están hoy un poco lejos de mí, yo estoy un poco lejos de mi misma. Pero tengo muchas ganas de hacer cosas; quería agarrar un bus que fuera al lugar más lejos del mundo, allá lejos del mundo, fuera del mundo. Quise ver esa película, la que llevo posponiendo hace días; hoy sentí que este día era enserio el último, el último día, porque si fuese el último día sé que me arrepentiría de no hacer todo lo que yo acostumbro a hacer, y todo lo que soy yo. Justamente todo eso que no he hecho hace tanto tiempo…
Dios, la vida es tan corta… y estoy tan feliz de que lo sea.
Dios, la vida es tan corta… y estoy tan feliz de que lo sea.
lunes, 19 de octubre de 2009
Toda mi vida en cajas
Nunca pensé que la vería así… adentro de esos cartones, y aunque trate de no olvidar nada, hay algo que… se me resbala de las manos, como la arena de Iquique y no lo puedo llevar conmigo, es algo que se queda y quizás no encuentre cuando vuelva. Porque me iré, a un lugar donde tendré que ser otra; más fuerte, y diferente, y… nunca volveré, porque la que vuelva, ya no seré yo: no así.
Y fue: tan rápido y frío que cuando acabé y pensé que se me quedaba algo, sentí… que se me quedaba todo. Todo y yo.
Los universitarios dicen que la vida recién comienza cuando se entra a la universidad, los que trabajan creen firmemente en que esa es la verdadera vida (y nos lo refriegan en la cara vez que pueden)... pero casi todos congenian en la idea de que en la vejez ya se ha vivido, porque la etapa más hermosa de la vida ya pasó; para unos fue la adolescencia, para otros la juventud, o la adultez, pero en realidad no lo sabían y cuando miran hacia atrás recién ahí lo descubren; y entonces junto a esa afirmación sugieren, sin querer, que cuando ellos creían que aún no empezaba su vida, en realidad esa era... y ahora que no les queda mucho de sus palabras se infiere; que sus vidas ya han acabado. ¿Pero cuándo empezaron?, ¿Cuándo vivieron, si, vivieron siempre esperando ese momento donde pudieran, al fin... vivir?
Entonces... ¿cuál es la "verdadera vida"? Yo digo que más vale que vivamos mientras estemos vivos; respirando, temblando y riendo, es por esto que me dije a mí misma que sería fuerte y viviría intensamente el período que me tocaba vivir ahora: el universitario.
Y así, luego de soportar mi enorme incomodidad del vuelo aéreo; mi frágil saco de huesos lleno de energías adolescentes llegó a la ciudad de Valparaíso; en donde todo era nada de lo que yo estaba acostumbrada. Aunque fuese más verde que el norte de Chile, más limpio y más grande, para mí... era nada, porque no era mío. Sólo era yo un turista exhausto de los nuevos días extrañando su cama por las noches y su taza en las mañanas.
Pasaban los días… repletos de novedades, novedades que al tiempo se volvían rutina, una rutina que mucho necesitaba porque ya estaba agotada de estas vacaciones que parecían nunca terminar. Cansada de la cama ajena, y sobretodo de mirar el techo por las noches y encontrarme con el mismo sentimiento: el extrañar… extrañar algo a lo que no se vuelve nunca más, algo irrepetible: por esencia. Sólo que yo no sabía que sería tan rápido… irrepetible. El querer volver a un lugar que geográficamente está, pero que no existe, y que es mío, mío por siempre, y no como geografía, sino… como composición esencial del ser.
Y fue: tan rápido y frío que cuando acabé y pensé que se me quedaba algo, sentí… que se me quedaba todo. Todo y yo.
Los universitarios dicen que la vida recién comienza cuando se entra a la universidad, los que trabajan creen firmemente en que esa es la verdadera vida (y nos lo refriegan en la cara vez que pueden)... pero casi todos congenian en la idea de que en la vejez ya se ha vivido, porque la etapa más hermosa de la vida ya pasó; para unos fue la adolescencia, para otros la juventud, o la adultez, pero en realidad no lo sabían y cuando miran hacia atrás recién ahí lo descubren; y entonces junto a esa afirmación sugieren, sin querer, que cuando ellos creían que aún no empezaba su vida, en realidad esa era... y ahora que no les queda mucho de sus palabras se infiere; que sus vidas ya han acabado. ¿Pero cuándo empezaron?, ¿Cuándo vivieron, si, vivieron siempre esperando ese momento donde pudieran, al fin... vivir?
Entonces... ¿cuál es la "verdadera vida"? Yo digo que más vale que vivamos mientras estemos vivos; respirando, temblando y riendo, es por esto que me dije a mí misma que sería fuerte y viviría intensamente el período que me tocaba vivir ahora: el universitario.
Y así, luego de soportar mi enorme incomodidad del vuelo aéreo; mi frágil saco de huesos lleno de energías adolescentes llegó a la ciudad de Valparaíso; en donde todo era nada de lo que yo estaba acostumbrada. Aunque fuese más verde que el norte de Chile, más limpio y más grande, para mí... era nada, porque no era mío. Sólo era yo un turista exhausto de los nuevos días extrañando su cama por las noches y su taza en las mañanas.
Pasaban los días… repletos de novedades, novedades que al tiempo se volvían rutina, una rutina que mucho necesitaba porque ya estaba agotada de estas vacaciones que parecían nunca terminar. Cansada de la cama ajena, y sobretodo de mirar el techo por las noches y encontrarme con el mismo sentimiento: el extrañar… extrañar algo a lo que no se vuelve nunca más, algo irrepetible: por esencia. Sólo que yo no sabía que sería tan rápido… irrepetible. El querer volver a un lugar que geográficamente está, pero que no existe, y que es mío, mío por siempre, y no como geografía, sino… como composición esencial del ser.
jueves, 15 de octubre de 2009
Hojas...
Y al fin, me decidí y salí a caminar… a buscar eso que no sale en los informes del tiempo, ni en el diario local, ni mucho menos en los libros de Squella... Y vi, a los árboles al lado del río -que no es río- asomándose a las aguas como llorones pero no sólo como simple sauce llorón que se inclina al agua por su nomenclatura, sino como persona que se mantiene al lado y constante a su origen, acercándose por la imposibilidad de alejo y necesidad de la fuente –el río que no es río- que le dio la vida y le enseñó a ser árbol.
Fue hermoso… de pronto, quien da origen al ser y el ser mismo, viven en completa armonía bajo una naturaleza que se pierde por el tráfico vehicular impidiendo a las mentes abrirse para pensar en quienes les han dado la existencia y cómo quedan vinculados de por vida, y no sólo por mera vinculación, sino por la necesidad misma de volverse un sauce a los pies del agua del cual nacimos... justo al lado.
Y todo esto; sólo fui yo... yo sólo… vi algo distinto ese día, como pudo haberlo visto cualquiera, pero había sido yo.
Y yo sólo vi, a mi abuela.
Vi a mi abuela y a su hermoso cabello desprenderse como hojas en este otoño por el cáncer; el café se comenzaba a helar, y a decolorar por el tiempo… luego desprendiéndose para siempre cae lento cual hoja de papel que baila entre el viento hasta llegar al suelo y así ser recogido por sólo un barrendero o pisado por pequeños pies de niños que se volvían gigantes... que no comprenden, ¡no comprenden cuánto valen esas hojas!
Un espectáculo hermoso… pero era terrible; terrible y frío, tan frío como el invierno que se acercaba… que se acercaba para el sauce, y la fuente. Para mi abuela y yo.
Fue hermoso… de pronto, quien da origen al ser y el ser mismo, viven en completa armonía bajo una naturaleza que se pierde por el tráfico vehicular impidiendo a las mentes abrirse para pensar en quienes les han dado la existencia y cómo quedan vinculados de por vida, y no sólo por mera vinculación, sino por la necesidad misma de volverse un sauce a los pies del agua del cual nacimos... justo al lado.
Y todo esto; sólo fui yo... yo sólo… vi algo distinto ese día, como pudo haberlo visto cualquiera, pero había sido yo.
Y yo sólo vi, a mi abuela.
Vi a mi abuela y a su hermoso cabello desprenderse como hojas en este otoño por el cáncer; el café se comenzaba a helar, y a decolorar por el tiempo… luego desprendiéndose para siempre cae lento cual hoja de papel que baila entre el viento hasta llegar al suelo y así ser recogido por sólo un barrendero o pisado por pequeños pies de niños que se volvían gigantes... que no comprenden, ¡no comprenden cuánto valen esas hojas!
Un espectáculo hermoso… pero era terrible; terrible y frío, tan frío como el invierno que se acercaba… que se acercaba para el sauce, y la fuente. Para mi abuela y yo.
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