La vida, es... decisiones impulsadas por la fuerza y el riesgo de la incertidumbre en un momento específico en la misma. Es ir. Es no ir. Aunque sea un cliché, los detalles sí hacen la "diferencia", levantarse a las 7:00am o retrasar 15 minutos el reloj para revolcarse en las sábanas y entender que empieza otro día, parecido al anterior. El metro que tomas, y donde terminas al final de todo. Cómo imágenes y sueños terminan influyendo de manera determinante el qué y el por qué. Pienso, luego existo, y existo, porque voy, o porque me quedo. Y... la muerte, es; que lleven a mi padre a las 22:00 de la noche un dos del cinco a la morgue y la funeraria con la que hablamos hace unas semanas se entere para ir a buscarlo por la mañana mientras mi abuela plancha su uniforme de la Fuerza Aérea, y ubicamos a su sacerdote para que se prepare, mientras en los entre tiempos avisamos a los amigos más cercanos que el responso es en Santa Teresita todo el día, que mi papá ya está ahí. Y los funerales serán al día siguiente en el Parque del Sendero, luego de una caravana por la costa hasta llegar al lugar, donde el féretro será llevado en un Mercedez, su auto favorito. Que un noticiero vaya y dedique dos páginas completas y un sitio en la primera plana sobre la vida de mi papá. Y que yo, reciba sus flores. Morir es planear, morir es preveer, organizar. Morir es no hacer y haber hecho.