Usualmente a la cosa que uno más le teme, o al menos a la
que yo le temía, era el morir sin haber hecho algo realmente importante. Pero
en mí ese temor fue a lo largo de los últimos tres años disipándose poco a poco…
y finalmente un dos de mayo del dos mil once, se fue completamente. Ahora puedo
decir que vivo sin ese miedo, sin ese temor… de pensar que entre el nacer y el
morir no hubo algo que lo justificara todo. Porque dos años entrando y saliendo
de la cama, arruinando mi cuerpo con capuccino de vainilla para seguir en pie sólo para
estar con él, y verlo deteriorarse cruelmente hasta salir de la vida, lo hizo
valer todo. Si muero mañana, o si muero en 20 años, tengo la satisfacción de
que el nacer no fue en vano. Cuidar a la persona que más amas en el mundo y
entregar todo lo posible por ella no tiene precio imaginable, porque sé que
para él hubiera sido distinto, de no haber estado yo, porque nadie te amó como
yo y te ama de la forma en que lo hago.
Lo que quería decir es… que si se estrella el avión, o si
adquiero esa horrible enfermedad, me acordaré de estos años, y tendré algo de paz.