Hay una roca a dos cuadras de mi casa… que desde pequeña solía ir a escalar, ya ves, era una gran roca; yo salía de mi casa y me iba sola a escalar los himalayas y si es que estaba de humor, podía ir a darme una vuelta por el everest. Yo llegaba hasta arriba y era el rey del mundo, me sentaba a respirar y así contemplaba la belleza de la vida desde otra perspectiva. A veces me inventaba nuevos caminos, con distintas dificultades, y así no perdía nunca la emoción el subir. Hoy miro ese lugar donde me liberaba, ese pequeño himalaya, y es sólo una pequeña y simple roca, que triste es ver cómo se pierde la inocencia, cómo un templo se vuelve una piedra inerte y oscura. Hasta enrejada, suena mentira, pero es cierto, ¡la enrejaron!, y si quisiera caminar por una piedra antes mágica y hoy inerte que me lleve a esos años… ¡aún así no podría!
Las vueltas que tiene la vida, y qué vueltas… que dando la vuelta a la manzana no pueda yo más que ver una infancia oscura y rota. Es como las cosas… todas las cosas, cuando somos pequeños todo lo vemos más grande, porque nos dicen que somos pequeños y así nos vemos, cuando empiezo a sospechar que los otros eran los pequeños y necesitaban sentirse grandes. Nosotros, como pequeños, veíamos las cosas grandes, y a las otras personas también, pero el universo nos parecía al alcance de la mano, y decir que seríamos lo que quisiéramos iba enserio. Los adultos nos decían que teníamos que ser buenos, no mentir, y muchísimas cosas más… nos parecía increíble cómo lograban hacer tantas cosas difíciles y ser tan buenos al mismo tiempo, y si hacíamos una pequeña maldad, nos sentíamos pésimos porque en realidad queríamos ser como ellos, y parecía que nunca lo íbamos a lograr.
Pero empezaron a pasar los años, y no es que hayamos crecido, incluso parece que nos achicamos, y así las cosas empezaron a parecernos de otros tamaños, más de nuestro porte, pero el universo inalcanzable…. Y nuestros más profundos deseos; imposibles. Nos empezamos a volver adultos, y empezamos a hacer lo mismo con los niños, les decimos lo que deben hacer y ser para que crean que somos así, es nuestra manera de ser lo que siempre quisimos ser. Y me atrevería incluso a decir, que es por eso que se protege e idealiza tanto al niño como una pieza única y en extinción de la humanidad, porque son lienzos en blanco, que todos cuando miran desean pintar, y con pintar me refiero a intentar que sean como algún día creyeron que debían ellos ser, y los tratan como piezas en extinción porque eso pasa, realmente se extinguen al cabo de un tiempo, y se vuelven un deprimido pintor más intentando cambiar el mundo cobardemente a través de otro niño.
viernes, 22 de octubre de 2010
Tv off
La tele se apagó sola. Cuando las cosas eléctricas fallan sin motivo alguno que yo conozca, creo que me pegan un empujón y yo digo; ya… sí, ya voy, ya voy. Cuando empezó este día, me despertó la curiosa sensación de que tenía calor, curiosa en estos días fríos que parecían no terminar. Me tomé una taza de té, y no podía esperar para recostarme en la arena a leer a Hesse y mirar a la gente en la playa disfrutando de una manera que yo no lo haría, distante y bello. Raro y curioso, en veces asqueroso. El sólo pensar acerca del día que me esperaba me hacía desear que este día no acabase nunca.
Mirando hacia el mar no logro divisar las caras de las personas, no me resultan hombres ni mujeres, allá en la orilla se vuelven sombras iluminadas y expuestas a la igualdad, moviéndose de aquí para allá, cayéndose en las olas, salpicando, y tocando pelotas en el aire; me han llegado a parecer… humanos. Una raza completa. Una sola. Me sentía un espía metida entre toda esa igualdad. Un observador al margen, hay uno dentro de mí que se desenvuelve en completa soltura dentro del todo social, y el otro, del que hablaba, que se sienta a observar. Exiliado de sus propios lugares por el otro que vive adentro. Entro al mundo para sentir las cosas y salgo del mundo para describir las cosas, así es; voy y vuelvo, vuelvo y voy. Difícil pero no existe otra alternativa ni camino fácil… Me acuesto en la arena de cara al cielo y veo cómo se pierden los pájaros de mi campo visual, debo seguirles pero sólo lo hago en la mente, me hace pensar en lo infinito. Pasan las horas… Camino y me alejo de la arena, pienso que ha sido suficiente, que fue un lindo día, pero que ya acabó. Que las cosas acaban inexorablemente… porque poseen por sí mismas una vida, y la vida particular de las cosas: siempre termina por acabar. Nacen, se desarrollan, y mueren. Si no se desarrollan… nos quedamos con un pedazo de ellas molestando dentro, y deseamos más tiempo para vivirlas, pero en realidad es que necesitan tiempo para morir. El día se quemó, y un día; la vida también se quema. Y vienen otras cosas, otra vida, o acaso no hay más vida, no sé si es la muerte, pero nacen más cosas. Supongo.
Mirando hacia el mar no logro divisar las caras de las personas, no me resultan hombres ni mujeres, allá en la orilla se vuelven sombras iluminadas y expuestas a la igualdad, moviéndose de aquí para allá, cayéndose en las olas, salpicando, y tocando pelotas en el aire; me han llegado a parecer… humanos. Una raza completa. Una sola. Me sentía un espía metida entre toda esa igualdad. Un observador al margen, hay uno dentro de mí que se desenvuelve en completa soltura dentro del todo social, y el otro, del que hablaba, que se sienta a observar. Exiliado de sus propios lugares por el otro que vive adentro. Entro al mundo para sentir las cosas y salgo del mundo para describir las cosas, así es; voy y vuelvo, vuelvo y voy. Difícil pero no existe otra alternativa ni camino fácil… Me acuesto en la arena de cara al cielo y veo cómo se pierden los pájaros de mi campo visual, debo seguirles pero sólo lo hago en la mente, me hace pensar en lo infinito. Pasan las horas… Camino y me alejo de la arena, pienso que ha sido suficiente, que fue un lindo día, pero que ya acabó. Que las cosas acaban inexorablemente… porque poseen por sí mismas una vida, y la vida particular de las cosas: siempre termina por acabar. Nacen, se desarrollan, y mueren. Si no se desarrollan… nos quedamos con un pedazo de ellas molestando dentro, y deseamos más tiempo para vivirlas, pero en realidad es que necesitan tiempo para morir. El día se quemó, y un día; la vida también se quema. Y vienen otras cosas, otra vida, o acaso no hay más vida, no sé si es la muerte, pero nacen más cosas. Supongo.
Colectividad y anestecia
Nunca fui buena para los sentimientos colectivos, ni para las anestesias… pero sobretodo para los sentimientos colectivos, no; para eso yo no servía. Año nuevo me deprimía, me dejaba en la cama y por más que intentaba no podía mirar a toda esa gente reír y compartir ese mundo, sólo caminaba vagabundeando tratando de ponerme el disfraz que no me quedaba, y tocaba con mis manos la pantalla sin nunca poder lograrla atravesar; agotante inmunidad hacia los sentimientos colectivos.
Ah… hoy estamos de bicentenario aquí en nuestro país, todo está de locos, parece un año nuevo interminable; me agota, me quiero ir a mi cama. Me quiero apagar. Colectividad, colectividad… Hoy es 18 de septiembre ya, hace 49 minutos lo es. Hoy mi padre cumple 47 años, hoy podría ser, el último cumpleaños de mi padre. Todo comienza con una caminata rápida bajando una escalera de un tipo al que no conozco mucho pero que quizás en otro momento conoceré; entonces bajo, las escaleras; rápido, de reojo miro las rejas, seguimos caminando… rápido, todo es rápido, y un fuerte corazón latiendo en mi cabeza a punto de reventar mis oídos se escucha en el cielo y en las paredes rebotando. Fuegos artificiales… ¿Qué no podía ser peor? No pienso mirarlos, sigo caminando rápido. Pero algo me detiene y me quedó ahí como hipnotizada compartiendo por unos segundos la colectividad. Pero era algo distinto, no era algo que pudieran entender todos, eran las venas de mi padre explotando en el cielo, sangre… de distintos colores, en realidad era su vida y sus procesos, su tiempo y por completa esencia él, espermatozoides antes de reventar y que cuando en su punto culmine termina su espectáculo bajan como estrellas vivas o como chispas de un encendedor difícil de prender, veo a mi padre; un comienzo, y el final. Su comienzo, y nuestro final. Es hermoso… que puede que en su último cumpleaños, haya habido tanta celebración y jolgorio. Los demás están felices. Yo, no estoy feliz. Pero estoy tranquila. No tengo mucho qué decir, en realidad… más que decir que soy mala para los sentimientos colectivos y para las anestesias, yo venía a decir eso, no sé si me entienden, no venía a decirles nada más. La colectividad, y las anestesias. Nada más.
Ah… hoy estamos de bicentenario aquí en nuestro país, todo está de locos, parece un año nuevo interminable; me agota, me quiero ir a mi cama. Me quiero apagar. Colectividad, colectividad… Hoy es 18 de septiembre ya, hace 49 minutos lo es. Hoy mi padre cumple 47 años, hoy podría ser, el último cumpleaños de mi padre. Todo comienza con una caminata rápida bajando una escalera de un tipo al que no conozco mucho pero que quizás en otro momento conoceré; entonces bajo, las escaleras; rápido, de reojo miro las rejas, seguimos caminando… rápido, todo es rápido, y un fuerte corazón latiendo en mi cabeza a punto de reventar mis oídos se escucha en el cielo y en las paredes rebotando. Fuegos artificiales… ¿Qué no podía ser peor? No pienso mirarlos, sigo caminando rápido. Pero algo me detiene y me quedó ahí como hipnotizada compartiendo por unos segundos la colectividad. Pero era algo distinto, no era algo que pudieran entender todos, eran las venas de mi padre explotando en el cielo, sangre… de distintos colores, en realidad era su vida y sus procesos, su tiempo y por completa esencia él, espermatozoides antes de reventar y que cuando en su punto culmine termina su espectáculo bajan como estrellas vivas o como chispas de un encendedor difícil de prender, veo a mi padre; un comienzo, y el final. Su comienzo, y nuestro final. Es hermoso… que puede que en su último cumpleaños, haya habido tanta celebración y jolgorio. Los demás están felices. Yo, no estoy feliz. Pero estoy tranquila. No tengo mucho qué decir, en realidad… más que decir que soy mala para los sentimientos colectivos y para las anestesias, yo venía a decir eso, no sé si me entienden, no venía a decirles nada más. La colectividad, y las anestesias. Nada más.
Earth
En la escuela de derecho nos decían; “La escasez… que la escasez”. Aprendimos un poco de la escasez. Aunque ya la conocíamos muy bien, pero quizás no estábamos concientes de ello.
Las cosas se vuelven más caras, mientras más escasas sean. El precio… lo que pagamos por una cosa, será mayor mientras menos haya de ella. Pero saben, sí, lo saben, que hay cosas que no se ven (¿cierto?). Lo olvidamos. Y mientras menos hay de estas cosas; más pagamos por ellas. Podemos nombrar a lo intangible, pero también hay cosas tangibles que vemos… sólo que no a gran escala. Y no nos interesa constatar qué tan escasas son en la realidad
Quizás haya agua en nuestra casa, o en nuestra ciudad… o en nuestro país. Comida. Abrigo. Animales. Pero ¿y en el mundo? ¿Son abundantes o escasas? Mientras más escaso es el bien es cuando más lo cuidamos. Pero parece que no estamos atentos a los bienes fundamentales. De lo escasos que resultan hoy día ser, y de lo aún más escasos que serán mañana. Es urgente. No queremos verlo, y así no nos animamos a cuidarlos. Hay que hacerlo… aunque hayan en nuestra casa, se están acabando en la tierra, y se supone que nosotros éramos los que debíamos cuidarlos… que divertidas resultan las cosas, es decir, para nosotros, no para ellos. Pero esto no es como la economía, no podemos ir a la bodega y buscarnos otros por si se nos acaban. Más agua. O especies en extinción. Se acaba y ya. Lo acabamos y ya. Lo acabamos todo, lo destruimos todo, y los que dicen que debemos defender la tierra por las futuras generaciones o porque es nuestra adivinen que: ¡están equivocados también! No tenemos que defender la tierra por los humanos. Ni tampoco porque sea nuestro propio bien económico. Debemos cuidarla porque tenemos que respetarla. Respetarla como es y por ser ella, no por ser ella útil para nosotros. O útil para nuestros nietos. O útil… útil. Ella no es útil, ella es hermosa. Y no es nuestra. Pero creímos que era nuestra, y al parecer todo lo que hacemos nuestro lo terminamos por arruinar. Cuidemos a las cosas, pero dejémoslas ser libres. Que no se anulen. Salvémosla… sólo porque es hermosa. No porque nos sirva para algo. No nos creamos tan inteligentes… porque no lo somos. Porque el día que ella quiera va a acabar con nosotros, y realmente espero que lo haga antes de que nosotros acabemos con ella. Hay tierra…. ¿en qué pensabas cuando nos dabas la vida? Me parece que fuiste muy ilusa, o que nosotros fuimos más malos de lo que pensaste que seríamos o dinos, fue éste, el de darnos la vida; ¿tu acto suicida?
Las cosas se vuelven más caras, mientras más escasas sean. El precio… lo que pagamos por una cosa, será mayor mientras menos haya de ella. Pero saben, sí, lo saben, que hay cosas que no se ven (¿cierto?). Lo olvidamos. Y mientras menos hay de estas cosas; más pagamos por ellas. Podemos nombrar a lo intangible, pero también hay cosas tangibles que vemos… sólo que no a gran escala. Y no nos interesa constatar qué tan escasas son en la realidad
Quizás haya agua en nuestra casa, o en nuestra ciudad… o en nuestro país. Comida. Abrigo. Animales. Pero ¿y en el mundo? ¿Son abundantes o escasas? Mientras más escaso es el bien es cuando más lo cuidamos. Pero parece que no estamos atentos a los bienes fundamentales. De lo escasos que resultan hoy día ser, y de lo aún más escasos que serán mañana. Es urgente. No queremos verlo, y así no nos animamos a cuidarlos. Hay que hacerlo… aunque hayan en nuestra casa, se están acabando en la tierra, y se supone que nosotros éramos los que debíamos cuidarlos… que divertidas resultan las cosas, es decir, para nosotros, no para ellos. Pero esto no es como la economía, no podemos ir a la bodega y buscarnos otros por si se nos acaban. Más agua. O especies en extinción. Se acaba y ya. Lo acabamos y ya. Lo acabamos todo, lo destruimos todo, y los que dicen que debemos defender la tierra por las futuras generaciones o porque es nuestra adivinen que: ¡están equivocados también! No tenemos que defender la tierra por los humanos. Ni tampoco porque sea nuestro propio bien económico. Debemos cuidarla porque tenemos que respetarla. Respetarla como es y por ser ella, no por ser ella útil para nosotros. O útil para nuestros nietos. O útil… útil. Ella no es útil, ella es hermosa. Y no es nuestra. Pero creímos que era nuestra, y al parecer todo lo que hacemos nuestro lo terminamos por arruinar. Cuidemos a las cosas, pero dejémoslas ser libres. Que no se anulen. Salvémosla… sólo porque es hermosa. No porque nos sirva para algo. No nos creamos tan inteligentes… porque no lo somos. Porque el día que ella quiera va a acabar con nosotros, y realmente espero que lo haga antes de que nosotros acabemos con ella. Hay tierra…. ¿en qué pensabas cuando nos dabas la vida? Me parece que fuiste muy ilusa, o que nosotros fuimos más malos de lo que pensaste que seríamos o dinos, fue éste, el de darnos la vida; ¿tu acto suicida?
Yo nunca participé en un concurso
Podrás recorrer el mundo entero, pero si no te conoces a ti mismo, no habrás ido a ninguna parte.
Yo nunca participé en un concurso literario
Eran muy poco o mucho para mí
Sí, eran muy poco; no podrían entenderme…
En realidad temía descubrir que era un asco.
Y ahí estaba yo, de nuevo, con una invitación y una fecha en la mano
“Esta vez sí” – me decía –
Y tenía o mucho o nada que escribir, y así
No lograba unir o desunir nada
“Mejor lo dejo para mi libro,
Mis lectores admirarán la originalidad” – cuando no había libro alguno –
Y así, mi carrera literaria, fue un fracaso desde el principio.
Yo nunca participé en un concurso literario
Eran muy poco o mucho para mí
Sí, eran muy poco; no podrían entenderme…
En realidad temía descubrir que era un asco.
Y ahí estaba yo, de nuevo, con una invitación y una fecha en la mano
“Esta vez sí” – me decía –
Y tenía o mucho o nada que escribir, y así
No lograba unir o desunir nada
“Mejor lo dejo para mi libro,
Mis lectores admirarán la originalidad” – cuando no había libro alguno –
Y así, mi carrera literaria, fue un fracaso desde el principio.

Las noches están cada vez peor y peor. Más oscuras, más sin luz… una noche profunda de sueño superficial. Me invade una angustia que está poniendo en juego mis articulaciones. Me duele todo. Me duele el corazón. A veces dolor. A veces pena. Son distintas, lo sé. Y mi cuerpo lo sabe también. Me imagino acostada en mi cama a oscuras, volando, flotando, siendo libre. Quiero hacer eso. Son terribles… lo sé… esto de las noches. Me está llevando. Tomo medio neuryl más, no hace nada. Nada, hace, nada. Todo, hace, nada. Prendo la música… Yann Tiersen, me dicen “aléjate de Yann Tiersen” pero es menos triste que las cosas que se me pasan por la cabeza. Entonces como un distractor escucho sus dedos en el piano y en el violín a ver si logro desconcentrarme de mi misma. Y poder dormir. Estoy dejando de dormir de nuevo. Yann Tiersen es triste… es cierto, al principio me hace imaginar cosas en las que no quiero pensar, pero luego se me va la cabeza y no siento nada. Ni más pena. Es como golpearse, para distraer un golpe que duele aún más. Pegarse en el brazo mientras la pierna sangra, desligarse del dolor de la pierna para sentir otro dolor más liviano. Unos se lastiman, yo escucho a Yann. El golpe en el brazo. Se me infecta la pierna, ¿y qué vas a hacer tú? ¿Venir a sanármela? Quizás no debas pegarme en el brazo. Quizás deba apagar tu puta música. Quizás debamos sanar mi pierna. No tengo la fuerza para mirar mi pierna. Quédate Yann. Quédate aquí.
Da Vinci
Da Vinci parió a la mona Lisa,
Da Vinci el grande, y a todos les gustó la mona Lisa,
Porque sienten que los sigue con la mirada, y eso los hace pensar que son especiales.
El hecho de que le intereses a un cuadro, el hecho de que dentro de una galería la mona Lisa te elija a ti para mirarte… te hace sentir especial, eso dicen.
Luego vino la naturaleza del hombre, por culpa de ella tuvimos que hacer un pacto
El maldito pacto del que somos esclavos hoy, ayer, quizás para siempre;
Y nació la sociedad. Inventamos a la sociedad y luego ella nos reinventó a nosotros.
Y fue Hobbes, el que nos habló y nos ordenó y nos desterró de nuestra verdadera libertad. Y nos pusimos más ordenados, y el alma se nos puso más rebelde.
Inventaron la televisión, inventamos; nosotros, los humanos.
Una caja de luces que nos mira a la cara cuando no queremos que nos mire nadie, encendemos la tele y nos mira ella.
Todos nos miran, todos…
La mona Lisa, la sociedad, la televisión.
Da Vinci, la naturaleza, la humanidad… todos han hecho,
Imposible la tarea de mirarnos a nosotros mismos, porque estamos muy agobiados de que nos miren todo el día.
La mona lisa te mira, mientras la vida… te golpea, y la televisión nos mira, Y así nos distraemos. Parece que el pacto era para poder distraernos de nuestra propia naturaleza, y estamos tan distraídos que ni siquiera nos hemos dado cuenta. La culpa al fin y al cabo… no fue de la naturaleza del hombre, fue de nuestra falta de comprensión hacia ella. Y todos miran al otro, ya que no pueden mirarse a sí mismos. Porque no saben. Porque se han roto todos los espejos en el mundo, pero está lleno de ojos… y en ellos nos fijamos. Y ellos, en nosotros. Allá la mona Lisa, Allá la sociedad… nos pasamos la vida entera buscando un reflejo adentro, porque afuera ya no existe ninguno.
Da Vinci era grande. La mona Lisa sonríe, dicen. No, está triste… No, es ironía. La mona Lisa no siente nada. Es la versión femenina del pintor, no es nadie, es alguien. Nadie se pone de acuerdo cuando de la Lisa se refieren. Eso la hace única. Todos ven en ella distintas cosas, infinitas cosas… y puede que no sea ninguna, puede que sea nada. Que a Da Vinci ni siquiera le hubiese gustado. Todos descubren… en ella… una distinta cosa, todos creen descubrirla a ella, y creo que puede que sean ellos mismos. Una faceta distinta de cada quien que la mira y le persigue la mirada, puede que al final Da Vinci no haya hecho a una mujer en una pintura que te observa; paciente, vigilante, infinita, sino que hizo un espejo, un espejo impaciente y urgente para que te mires a ti mismo y la infinidad éramos nosotros y en los planos de la pintura imitó el infinito como el reflejo del espejo del ascensor que no termina nunca, porque previó que la humanidad los iba a romper todos. Pero Da Vinci se aseguró de que aún nos quedara por lo menos uno. Da Vinci era grande, realmente muy grande.
Da Vinci el grande, y a todos les gustó la mona Lisa,
Porque sienten que los sigue con la mirada, y eso los hace pensar que son especiales.
El hecho de que le intereses a un cuadro, el hecho de que dentro de una galería la mona Lisa te elija a ti para mirarte… te hace sentir especial, eso dicen.
Luego vino la naturaleza del hombre, por culpa de ella tuvimos que hacer un pacto
El maldito pacto del que somos esclavos hoy, ayer, quizás para siempre;
Y nació la sociedad. Inventamos a la sociedad y luego ella nos reinventó a nosotros.
Y fue Hobbes, el que nos habló y nos ordenó y nos desterró de nuestra verdadera libertad. Y nos pusimos más ordenados, y el alma se nos puso más rebelde.
Inventaron la televisión, inventamos; nosotros, los humanos.
Una caja de luces que nos mira a la cara cuando no queremos que nos mire nadie, encendemos la tele y nos mira ella.
Todos nos miran, todos…
La mona Lisa, la sociedad, la televisión.
Da Vinci, la naturaleza, la humanidad… todos han hecho,
Imposible la tarea de mirarnos a nosotros mismos, porque estamos muy agobiados de que nos miren todo el día.
La mona lisa te mira, mientras la vida… te golpea, y la televisión nos mira, Y así nos distraemos. Parece que el pacto era para poder distraernos de nuestra propia naturaleza, y estamos tan distraídos que ni siquiera nos hemos dado cuenta. La culpa al fin y al cabo… no fue de la naturaleza del hombre, fue de nuestra falta de comprensión hacia ella. Y todos miran al otro, ya que no pueden mirarse a sí mismos. Porque no saben. Porque se han roto todos los espejos en el mundo, pero está lleno de ojos… y en ellos nos fijamos. Y ellos, en nosotros. Allá la mona Lisa, Allá la sociedad… nos pasamos la vida entera buscando un reflejo adentro, porque afuera ya no existe ninguno.
Da Vinci era grande. La mona Lisa sonríe, dicen. No, está triste… No, es ironía. La mona Lisa no siente nada. Es la versión femenina del pintor, no es nadie, es alguien. Nadie se pone de acuerdo cuando de la Lisa se refieren. Eso la hace única. Todos ven en ella distintas cosas, infinitas cosas… y puede que no sea ninguna, puede que sea nada. Que a Da Vinci ni siquiera le hubiese gustado. Todos descubren… en ella… una distinta cosa, todos creen descubrirla a ella, y creo que puede que sean ellos mismos. Una faceta distinta de cada quien que la mira y le persigue la mirada, puede que al final Da Vinci no haya hecho a una mujer en una pintura que te observa; paciente, vigilante, infinita, sino que hizo un espejo, un espejo impaciente y urgente para que te mires a ti mismo y la infinidad éramos nosotros y en los planos de la pintura imitó el infinito como el reflejo del espejo del ascensor que no termina nunca, porque previó que la humanidad los iba a romper todos. Pero Da Vinci se aseguró de que aún nos quedara por lo menos uno. Da Vinci era grande, realmente muy grande.
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