viernes, 29 de julio de 2011

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Mi alma gemela me ha abandonado. Se ha ido, y no es que quisiera irse… Pero tenía que hacerlo. Y me dejó en nuestra casa donde vivimos la existencia, el amor, y la muerte. Cada ventana que se abre por el viento, el polvo en las repisas y cada silla; era nuestro vivir. Y nuestra casa es el mundo, y en cada esquina estás y faltas. Y en cada detalle eres el recuerdo de lo que fuiste y lo que me falta.

Un pantalón, un maletín, un corte de pelo. El mundo es nuestra casa, tú te has ido y yo vivo sola en él, fracturando un poco más cada herida con cada hombre de espaldas que se parece a ti. Papá.

viernes, 15 de julio de 2011

Medicine

Si me pusiera a escribir todo lo que me debo, tendría que quedarme aquí por lo menos un par de décadas seguidas. Y haría, como esos autores viejos, un libro de tres mil hojas; confuso, y vomitando ideas que sólo yo entendería. Todo quedaría mal. Yo entiendo a Richie cuando le dice a Clarissa Vaughan que no lo logró. Y que… se ganó el premio por estar enfermo. Entiendo a Virginia cuando siente que es un asco y se mata. Los entiendo. Porque a todos nos gustaría ser un poco, más como Bukowski. Y tratar de reírnos de la desgracia de no poder ser un escritor de verdad, con la depresión y luego la claridad mental o la suficiente confusión para liberar a la vida y coger al adicto. Hay miedo, de no lograrlo, hay miedo, de volverse sano. De volverse claro y plano. Hay miedo de no hacerlo… y un terror aún más grande en hacerlo. Y la cosa termina siendo más o menos como que te levantas; comes, te duchas, estudias, trabajas en algo, duermes. Otro día… decides que no te vas a levantar de ninguna forma, porque tu vida es igual cada día y si te levantas o no, no hace ninguna diferencia, ves alguna película antigua que están dando en la tele. Luego pones una de tus favoritas y recitas los diálogos. Escuchas algo de música… Te pones a escribir. Te pones a escribir y te acuerdas de lo que viniste a hacer. Le dedicas dos horas y con la mente llena te sientes satisfecho. Luego duermes. Y despiertas al otro día, y decides que te vas a levantar, pasas dos horas atrasando la alarma porque sientes que tienes tanto tiempo… pero tienes tantas ganas de levantarte, y son tantas las ganas que te dejan postrado como un enfermo mental en la cama mirando al techo. Y te quedas. Y descansas de ser humano. Pasa otro día así y luego decides que es hora de que te levantes, que has descansado demasiado y que hoy es un día precioso para salir en bicicleta y escuchar tu ipod, tal vez incluso una visita a tus abuelos. Pasa una semana y, te sientes escritor de nuevo, es una tragedia; te pones a revisar lo que has escrito el año reciente y te das cuenta que hay algunas cosas buenas, pero no te alcanzan para nada, ni para ser escritor de hobbie. Y tú querías ser escritor de verdad. De pronto… te viene una gran baja anímica, y vuelve nada a tener sentido, mandas todo a la mierda, y no contestas ningún puto teléfono, sientes ganas de gritarle a algún extraño, pero te pones a escribir, y vaya que escribes algo… que te gustaría tal vez publicar, no sé… alguna vez. Sabes que si te pones bien, no puedes escribir las cosas que quieres, sabes que si sales el día siguiente, pierdes otra semana de papel. Qué hacer….

Medicina o no medicina.