Mi amigo de hace tiempo piensa que el narcotráfico es terrible porque las familias se destruyen por la droga, y yo le digo que las familias se terminan destruyendo inexorablemente por mucho menos que la droga. Él sabe de la droga, y yo pienso que sé de lo otro. Cuando se me ve difuso el mes siguiente, es cuando me quiero hundir en la calle y la literatura, cuando el mundo se me hace tan comprensible desde una vista terrible y desoladora, es cuando quiero crear otros para vivir en los que no existen. Extrañamente, extraño a mi madre. Me siento tan lejos de ella, y a mi hermano lo veo lejano y eterno, pero a mi madre me cuesta alcanzarla hasta con la mente. Pienso que mi padre está en lugares mágicos, riéndose, con un cuerpo que le sirve. Yo tengo un cuerpo que me sirve, pero no estoy en un lugar mágico, acá no me sirve mucho… Pienso que tengo a Harry Haller, y a Yann, que me entienden y me hacen sentir menos sola. Al menos. Quiero sentir algo bueno y me vuelco a los libros, que me dan algo bueno. Lo demás no es tan bueno o no es más que un dolor de estómago. Anoche soñé con olas gigantes, de nuevo, olas que destruían una ciudad completa, y luego estaba en el auto viejo de mis padres al medio contándoles que un tsunami había destruido todo y que yo lo sabía de antes, porque siempre sueño con el mar. Tal vez siempre he sabido de antes, que el mundo termina por destruirse, o lo construido no es para mí. Me pone triste ir al doctor, me pone triste antes de ir… porque no quiero, aunque al final accedo y me tomo las píldoras en la noche. Me pone triste molestar, cuando lo que más quiero es desaparecer… o volcarme a la literatura en otro país. Donde la gente esté lejos y los pueda idealizar, o por lo menos pensar en ellos como lo hacía cuando no los conocía. Donde los pueda reinventar, o hacerlos desaparecer con un final feliz.
lunes, 3 de octubre de 2011
martes, 9 de agosto de 2011
L v/s D
viernes, 29 de julio de 2011
Home
Mi alma gemela me ha abandonado. Se ha ido, y no es que quisiera irse… Pero tenía que hacerlo. Y me dejó en nuestra casa donde vivimos la existencia, el amor, y la muerte. Cada ventana que se abre por el viento, el polvo en las repisas y cada silla; era nuestro vivir. Y nuestra casa es el mundo, y en cada esquina estás y faltas. Y en cada detalle eres el recuerdo de lo que fuiste y lo que me falta.
Un pantalón, un maletín, un corte de pelo. El mundo es nuestra casa, tú te has ido y yo vivo sola en él, fracturando un poco más cada herida con cada hombre de espaldas que se parece a ti. Papá.
viernes, 15 de julio de 2011
Medicine
Si me pusiera a escribir todo lo que me debo, tendría que quedarme aquí por lo menos un par de décadas seguidas. Y haría, como esos autores viejos, un libro de tres mil hojas; confuso, y vomitando ideas que sólo yo entendería. Todo quedaría mal. Yo entiendo a Richie cuando le dice a Clarissa Vaughan que no lo logró. Y que… se ganó el premio por estar enfermo. Entiendo a Virginia cuando siente que es un asco y se mata. Los entiendo. Porque a todos nos gustaría ser un poco, más como Bukowski. Y tratar de reírnos de la desgracia de no poder ser un escritor de verdad, con la depresión y luego la claridad mental o la suficiente confusión para liberar a la vida y coger al adicto. Hay miedo, de no lograrlo, hay miedo, de volverse sano. De volverse claro y plano. Hay miedo de no hacerlo… y un terror aún más grande en hacerlo. Y la cosa termina siendo más o menos como que te levantas; comes, te duchas, estudias, trabajas en algo, duermes. Otro día… decides que no te vas a levantar de ninguna forma, porque tu vida es igual cada día y si te levantas o no, no hace ninguna diferencia, ves alguna película antigua que están dando en la tele. Luego pones una de tus favoritas y recitas los diálogos. Escuchas algo de música… Te pones a escribir. Te pones a escribir y te acuerdas de lo que viniste a hacer. Le dedicas dos horas y con la mente llena te sientes satisfecho. Luego duermes. Y despiertas al otro día, y decides que te vas a levantar, pasas dos horas atrasando la alarma porque sientes que tienes tanto tiempo… pero tienes tantas ganas de levantarte, y son tantas las ganas que te dejan postrado como un enfermo mental en la cama mirando al techo. Y te quedas. Y descansas de ser humano. Pasa otro día así y luego decides que es hora de que te levantes, que has descansado demasiado y que hoy es un día precioso para salir en bicicleta y escuchar tu ipod, tal vez incluso una visita a tus abuelos. Pasa una semana y, te sientes escritor de nuevo, es una tragedia; te pones a revisar lo que has escrito el año reciente y te das cuenta que hay algunas cosas buenas, pero no te alcanzan para nada, ni para ser escritor de hobbie. Y tú querías ser escritor de verdad. De pronto… te viene una gran baja anímica, y vuelve nada a tener sentido, mandas todo a la mierda, y no contestas ningún puto teléfono, sientes ganas de gritarle a algún extraño, pero te pones a escribir, y vaya que escribes algo… que te gustaría tal vez publicar, no sé… alguna vez. Sabes que si te pones bien, no puedes escribir las cosas que quieres, sabes que si sales el día siguiente, pierdes otra semana de papel. Qué hacer….
Medicina o no medicina.
miércoles, 15 de junio de 2011
Helio
No me preguntes qué haré… porque no lo sé… una vez lo sabía, tenía todo un calendario escrito en el techo arriba de mi cama y lo miraba al cerrar los ojos cada noche antes de dormir. Pero, después… la vida se volvió vida, y me encontré siendo la persona a la que le pasan cosas que uno nunca pensaría que podrían ocurrirle. Esa gente desconocida de mala suerte… de pronto era yo. Todo empezó a salir distinto, siempre diferente, una sorpresa poco agradable cada día que pensabas que te mataría y no lo hacía, luego venía otra y pensabas esta vez sí lo haría… y como por arte de magia tus pulmones se seguían abriendo. Todo lo que podía hacer era esperar a que el mar calmara y los reportes del tiempo no se equivocaran, y así poder partir. Los barcos de la vida me dejaron en los lugares a los que yo no iba; islas desiertas y desoladas, donde la tristeza de sólo llegar a esas arenas me tiraba bajo un árbol a dormir hasta que mi estómago me pedía alimento y mi corazón sol. Entonces me paraba a buscarlos. Mis barcos no zarpaban hasta un tiempo más así que todo lo que podía hacer era… esperar. Sin poder responder el qué haré, qué será de mi vida; si un auto me arrollará en la cuadra próxima o moriré de pronto por causas desconocidas o simplemente volveré a la universidad, o si lo que quiero es seguir en Leyes o irme a Argentina a estudiar letras, cuando al final la respuesta no importaba porque pensé en todas las veces en que lo que dije no fue así y aquí estoy en una isla encadenada sin poder hablar y aunque no tuviera sentido contestar quería de verdad tener una respuesta que me diera un suelo firme por donde caminar y un clima cálido por donde andar. Y así a veces dejaba de hablar sólo porque sabía que venía la pregunta… y ahí estaba de nuevo; la pregunta y el silencio. En mayo, un día, de pronto las cosas parecieron resolutivas acerca de mis destinos próximos y viejas costas se visibilizaban a lo lejos, pero aún con mucha niebla y humedad, así que no podía caer en el viejo error y no podía responder aún… ya que la esperanza de ser certero ya se había apagado hace años atrás. Me siento a esperar… y ahora cuando lo que esperaba ocurrió, se me presentan nuevos cronómetros que deben llegar a cero para poder tomar el primer avión de la mañana y buscar un trabajo lejos, que de alguna manera declarará mi independencia, porque confiar en las estabilidades como una mensualidad de herencia no sería correcto, así como confiaba en que nunca me pasaría nada de lo que me ha pasado en los últimos años… si el creer me defrauda gravemente de nuevo yo podría morir… o matar, pues mis pulmones no aguantarían otros minutos bajo el agua. Así que sólo me tengo a mí. Con poca certeza. Y mi libertad, que al fin la conseguí, por obligación. Atrapada en una soledad que no es soledad sino el que no estés conmigo. Pensando… que cuidarte ha sido lo único grandioso que he hecho en mi vida. Pero sin ti se me ha partido la vida y arrojada al mundo como un globo de helio que la gente mira por los parques y edificios sin saber a quién se le soltó… pues fue a ti. Les diré que a mi papá. Porque sólo soy de él. Hay un montón de humanos que se sientan a mi lado a estar ahí, pero todo cambia y todo es inseguro, yo misma no soy permanente ni segura adentro de un cuerpo que recordarán cuando haya muerto, así como tú no lo estabas cuando ya no podías hablar ni caminar, y a medida que pasan los días intento recordarte por otras cosas. Sé que tengo que hacer algo grandioso, e irme cuanto antes a recorrer el mundo por los dos. Ahuyentándo a todos de mi vida, cortando esos hilos, e inflándome más y más de helio.
BUT what's the point on it
lunes, 9 de mayo de 2011
A la bufanda alemana cara que nos costó poco pero valía mucho...
A la bufanda alemana.
Íbamos de la mano con mi papá, de la mano como siempre íbamos desde que supimos que se enfermó… y no sé qué íbamos a comprar, pero nos estacionamos en los estacionamientos nuevos que tienen varios pisos de la zofri. Caminamos paseando, como lo hacíamos desde que nací. El único ser humano que tenía mi mismo paso cansado y de vitrineador, que mi mamá odia. Creo que fue ese mismo día, en que nos tomamos un café, como siempre lo hacíamos si había una máquina cerca. Claro… debimos habernos tomado un café. Y pasamos por una tienda de cámaras, y le mostré la réflex más básica para comprar, porque le encantaban las fotos que yo tomaba… no sé por qué. No me regaló la réflex, pero me regaló su réflex zenit invaluable… con la que tomó una foto en blanco y negro que elegí para poner en su funeral. Pero no hablemos de tu funeral papá. Sino de la bufanda…
Pasamos por una tienda de ropa americana nueva, ropa toda distinta, esas tiendas extrañas… que tienen una cosa increíble y todas las demás no valen la pena. Entramos ahí porque me llamó la atención un chaleco marinero, que compramos y que nunca usé. Y apareció entre toda esa ropa sin sentido de pronto una bufanda, café claro… con rojo, y negro, y gris… era la bufanda que quería hace tiempo. Algo así era lo que quería y se presentaba a mí en ese momento de la mano de mi papá. Pedimos que nos la mostraran, y vimos en la etiqueta que era alemana, y era de lana, su precio era alto… del país que provenía, pero aquí para nosotros no era casi nada, porque esa gente no entendía bien cuánto valía la bufanda y eligieron para ella un precio al azar que mi papá pagó al instante. Y me fui feliz… por el hecho de que me hayas regalado algo que rodeara mi cuello y me quitará el frío cada vez que yo quisiera. Y era una bufanda especial, sí que lo era. Y era de ti para mí… Cruzó los continentes y el tiempo para que estuviera en mis manos. Te amo.
Pero a mi mamá le gusta el altiplano, y quería ir a pasar su cumpleaños a la pre cordillera, sólo fui porque era su cumpleaños… y me llevé la bufanda, la metí en una mochila, nunca la saqué de ahí, y nunca más la volví a encontrar. Nunca más. No sé cómo desapareció… nunca la usé. Así que por no haberla llevado a ningún lugar supongo que va a aparecer en alguna casa, de repente algún día en que la necesite mucho, pero puede que nunca aparezca nuestra bufanda papi… perdóname por haberla perdido. Pero te amo mucho más que a la bufanda, es sólo que no me quería olvidar de nuestra historia. No sabes cuánto lamento haberla perdido.
viernes, 29 de abril de 2011
Primario y básico
Elegiste las cosas primarias para escribir, como el sexo y las mujeres, esas cosas que escribe Neruda también, digo escribe porque esté donde esté debe estar haciéndolo todavía. Ese poeta que se murió hace poco. Me encanta la palabra todavía, tiene en ella cierta eternidad incierta pero eternidad al fin. Yo no tengo objeto, no nace, ni tampoco se desarrolla. Puede ser que yo no era escritor al final. Muchos músicos y escritores eran depresivos y suicidas, puede que yo sólo era las últimas dos… hoy me convenzo de eso y no creo que ganaré algún otro premio que el cervantes de literatura del colegio. Porque ya no tengo muchos días para hacer esto… y los días que me quedan los ocuparé en algo, no sé en qué… en extrañarte y el extrañarte me está costando todo, de nuevo, lloraba porque te iba a perder, lloro porque ya perdí las cosas que hacíamos, y también porque terminaré un día de estos por perderte a ti completamente. Luego lloraré porque ya te habrás ido. Y un día alguien me convencerá de que eres mi ángel guardián como dicen los básicos y que todo lo que vivimos es nuestro para siempre y no se irá, que la vida sigue… y un día sigo yo… y otro día lejano a ese me daré cuenta que no hay razón por la que unos mueren y otros no y no hay nada más ahí. Terminan las cosas y terminan conmigo las cosas, y la escritura se murió. Y la visitaré una vez al año donde te voy a hablar, porque hoy si te extraño voy al hospital y si mañana te extraño no sé cuánto me demore en ir a verte… en encontrarte, si es la distancia de una cuerda pues creo que no creo que iremos al mismo lugar. Y mañana cómo te encuentro entonces, papá.
miércoles, 27 de abril de 2011
nada que ver
Pianos que engrandecen esta locura del desequilibrio. Del sentir cada latido por un día en ayuno corrompido por un capuccino de vainilla del casino que cierra a las cuatro. Mimetización de la sala neurológica y yo, de; 1, 2, 3, 4, 5, 6 y yo. Esa colorina en los bosques que no soy yo, porque en los bosques el pelo se me hace oscuro. Está trillada esta muerte del ser por exceso de sensibilidad y habilidad del conocimiento artístico o científico o… ya pasó de moda. Ahora, escritores, ¿como terminamos con todo sin que crean que estamos imitando a los grandes?
Cómo llego desde aquí hacia donde quiero ir… me parece que falta mucho, hace frío, las cosas se complican todos los días, este piano sigue sonando… Y si a lo mejor es mi estilo el no terminar nada, podría ser la mediocridad y la falta de talento una corriente? Mi mente está desfragmentada, como los discos de los computadores, y no puedo hallar una cosa y la sucesión de ella en el mismo lugar, y a lo mejor, surge la continuación uno que otro día a eso de las una y media de la tarde en el auto de un desconocido mientras no tengo ningún lápiz y papel cerca
Espero que entiendas que escribía cuanto mis manos volaban, y hoy escribo cuanto puedo, pasa algo como luego de un gran aluvión o como se mueve la tierra luego de los terremotos, así... ya no es nada, y vivo casi poco... sólo para complacerte a ti y a esta manía mía de seguir aquí
sábado, 2 de abril de 2011
Morfina
Empiezo a cuestionarme ciertas cosas que nunca pensé que tendría que. Sentía entender bien el cerebro de mi padre y siempre estuve segura de que él preferiría estar un poco más despierto y un pequeño dolor a estar completamente dormido cuando estábamos en la casa. Hay cosas que tienes claras siempre, como por ejemplo que cuando hay una crisis sí hay que inyectar medicamentos para que acabe el dolor. Y que cuando está tan tranquilo te dan ganas de tirar por un río la morfina… y llevarnos a la playa a ver el mar que dijo que era nuestro, para que no sequen nuestras almas. Pero; mi padre en el hospital, lleno de tubos y personas extrañas que no saben leer sus movimientos de manos y no entienden nada acerca de él, un lugar horrible, frío y descuidado, donde las visitas se reducen a horario, disposición y capacidad anímica de la misma visita, considerando también que el tumor cerebral hace su memoria un desorden, y por consecuencia puede olvidar esas cortas visitas y sentir que nadie se acordó de él, me hacen pensar en la morfina como el verdadero brebaje favorito de Morfeo. Se la han quitado para evaluarlo neurológicamente, y lo vi intentando llorar 2 veces ayer. No sé… empiezo a sentirme confundida acerca de lo que pensaría mi papá. Siempre hemos sido aliados, hechos del mismo material, toda la vida con una conexión pura, única e inexplicable en veces consciente y muchos años inconsciente y así hemos vivido y sentido igual. Pero él es el padre y sabe más. Y me está resultando difícil leerlo… si pudiera concentrarme más, si pudiera controlar mi presión arterial, y tener un poco más de energía para quedarme ahí adentro, para seguir en el centro, y a lo mejor así podría entenderte más en estos días. Grita fuerte y mira directo. Di mi nombre. Te estoy escribiendo porque estoy sintiendo de verdad que puedes leerlo desde el lugar que sale, que está dentro tuyo también. Es que ahora no estoy segura de si quieres estar más despierto para ver ese frío hospital y mirar como a todos se nos va apagando esta luz… me gustaría que tu sufrimiento acabase. Pero no quiero que mueras. Estos días he visto tu dolor, y a veces creo que deseo tanto que dejes de sentir dolor en el alma, que pagaría el precio invaluable, aunque sé que eres fuerte como ninguno… y también sé que el dejar de sentir lo que sientes ahora significa la muerte. Dejar de sentir dolor será el no ser. Pero... creemos, algunos de mis varios yo, que queremos que todo termine. Como si luego del funeral y llorar sin parar dos días me pongo mi parca gris, me subo el gorro y saliendo de mi facultad marco tu número en mi celular y te digo que me ha ido bien en el examen de Introducción al derecho y que me voy a ver a la abuela por el fin de semana y me dices que me cuide y la cuide a ella, y que te recuerde las cosas porque se te empiezan a olvidar…
Sabes... el problema es que no puedo decidir si no entiendo lo que significa querer que termine, no he sido capaz de entenderlo, como no soy capaz de entender tantas otras cosas y entender que a veces no hay nada que entender. Hay días, en que, creo que sí… ¿me hace eso una mala persona?, ¿el querer continuar mi vida sin tu enfermedad?, cincuenta millones de sinopsis neuronales me hacen no poder decidirme, y a la vez no poder entenderte, un clonazepam y a la cama.
Es que acabe, pero que no acabes tú.
Vuelve. Eso es lo que realmente quiero.
viernes, 1 de abril de 2011
Pacientes de este tipo
Nadie se atreve a decirlo. Y siempre dicen “paciente de ese tipo”, ya me parece incluso divertido. Pero es mejor así. Pues se están muriendo todos y no tienen las agallas para decirlo. Y eso me puso a pensar en las probabilidades de la muerte. Es que… una persona con una enfermedad terminal tiene una esperanza de vida menor a la de una persona sana. Entonces encerramos en una habitación y cuidamos las 24 horas a un ser humano que podría sufrir algo. Y morir. Mientras los demás mortales que nos creemos sanos salimos a la calle y hacemos nuestra vida normal; expuestos a una violación, robo, secuestro terrorista, tropezar, caernos y recibir un golpe fatal, accidentes automovilísticos, ser raptados por los ovnis, entrar de pronto en un gusano de tiempo encontrarte a Hawking volver y que nadie lo haya notado, ver un fantasma y morir de un infarto, ser un best seller, hacerte adicto al LSD, darte cuenta que eres un genio y te encierren por loco en un manicomio, suicidarte porque sí, suicidarte porque no, ser, no ser, morir, sin querer…. probabilidades que… no existen adentro de la pieza del hombre que amo. Entonces me digo y sé, que estamos igual de terminales, en todo el mundo, es el mundo que nos tiene así, cáncer o no cáncer, pronto vamos a morir, quizás antes que los enfermos, arrollados por un avión desviado desde el triángulo de las bermudas y no creo que a dios le importe, en serio. Así que ve a tu casa, ordena tus cosas, y vive la vida, si tienes ganas, y si no, simplemente haz otra cosa. Como escribir.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Love letter for my soldier
Do I know love? Maybe I do. But maybe not the way you do… or maybe I just simply have no idea. But there’s one thing I’m sure about, and it’s that… I do know the love of all my lives. I know my soul mate, how I know we’ve run together in the fields of gold, and how I remember the way we make love in a library. And if wasn’t enough his love to kill me, one day his death finally ended with me. Then, I was forced to live again, saying forced I mean someone convinced me, and I don’t remember how I said yes. And here I am, 21th century, thinking what I was thinking…
I know him better than any other word, and I need him even more than I need words. I cannot, not to know him, because, then, I wouldn’t exist. And by knowing him I’m obligate to loving his soul with my ultimate bone. But… without him, I wouldn’t exist. Not in the way I do. Not in the way I almost feel the fingers of Frederic in my back when he plays his nocturnes, or the way I drink a glass of beer with Charles when I feel sad and violent, or how I stay ages, just standing, in a museum of Santiago with the guy that remembers me you. Alex the statue. I don’t remember his face, if someone asks, but that’s not important… “There’s other things in the world, more than your philosophy can ever dream”, said a guy in some phrase of hamlet, or it was Romeo and Juliet? There are plenty of things I know… and I have never seen them. I can’t explain it, and if I try, it would be worthless, because it's not necessary; it’s the way you know you die for someone even if you haven’t meet death. I have never seen Beethoven, but I know how he feels when we play Claire De Lune for piano. I know Pachelbel knows that I cry when he plays for me his cannon... I know moths are staring at me for some magic and universal reason, and for the most powerful thing that's in the planet; they came especially for me tonight. As my soul mate does.
I have to tell you, heartily,
I would not exist, and if I did, there would be no point in that existence...
But you love me too much... and you have gone because you don't want to tie me to a dead lover, but it's not your fault that we have fused into one. I don’t care if you don’t come anymore, because i have no choice than loving you like I do. And now... pretending you moved into a new spirit, you have to know that if you come or not, it's no difference: I can’t love for real to other different than you. Because I’m always waiting you.
Dearest: I know you can hear this… As I know I love you more than anything… in a way you can't comprehend because in the infinity of the universe this is even deepest. I love you in unhealthy ways even when you are the thing I know less. My Love; save me, I don’t like this world.
Eternally yours.